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Razones para su creación

La creación de ALIFAR vino a llenar un gran espacio vacío en el plano de la acción gremial de las empresas farmacéuticas nacionales, que amenazaba su misma estabilidad y posibilidades de desarrollo en sus respectivos mercados.

Al promediar los años setenta, las empresas nacionales se encontraban con un panorama a la vez alentador e inquietante. Por un lado, su posición había comenzado a consolidarse, y en algunos casos a expandirse en sus respectivos mercados, luego de largos años de esfuerzos y modernización; al mismo tiempo, el alto ritmo de crecimiento de la demanda en la región permitía estimar enormes posibilidades de desarrollo en los próximos 10 ó 15 años. Por otro lado, diversos factores externos creaban gran incertidumbre.

Los gobiernos, por una parte, estaban aumentando sus exigencias y controles sobre la industria, sin tener en cuenta en todos los casos a las condiciones de las medianas empresas de capital nacional, y en varios países habían iniciado su participación directa en el mercado, a través de empresas públicas.

Las grandes empresas extrazonales, por otra parte, advirtiendo el extraordinario potencial de los mercados de América Latina, estaban ejerciendo su poder económico para crear condiciones que les permitiera aumentar su ya considerable participación en aquéllos, especialmente en vista de la emergente capacidad competitiva de las empresas locales. Finalmente, los organismos internacionales estaban cada vez más interesados en plantear directivas y recomendaciones a los países en el campo de la salud pública y la industria farmacéutica.

La acción de gobiernos, empresas transnacionales y organismos internacionales había venido dando lugar a un peculiar triángulo de relaciones -de consulta, negociación y en algunos casos de alianza- en el que se elaboraban las pautas futuras de la industria farmacéutica.

En ese juego triangular de poder estaban ausentes las empresas nacionales. Aisladas en sus respectivos mercados, sin contar individualmente con el poder suficiente para influir en las políticas estatales y programas de internacionales, ni con los medios de información necesarios, las empresas nacionales se resignaban a actuar a la defensiva, quedando a la retaguardia del proceso de cambio y observando con alarma cómo, a medida que la acción de los tres vértices mencionados aumentaba y tendía a consolidarse, cada vez se hacía más incierta e inestable su situación.

Asimismo, la desconexión y el desconocimiento recíproco entre las empresas nacionales de los distintos países latinoamericanos estaba originando un gran espacio vacío para la cooperación horizontal en el plano productivo, comercial y de la integración económica, pese a la evidente capacidad y creciente necesidad de dichas empresas para las acciones conjuntas.

La creación de ALIFAR respondió pues a la toma de conciencia de las empresas nacionales de que no era posible programar seriamente su futuro sin contar con un instrumento conjunto que les permitiera participar e influir en la compleja trama de relaciones internacionales de la industria. Para ello, era preciso crear una organización que las hiciera visibles y reconocibles a nivel internacional, que sustituyera su total carencia de vínculos informativos y de cooperación recíproca y que, en síntesis, sirviera para aumentar su poder de negociación al sumar los esfuerzos aislados e inconexos en cada país.